Es innegable el hecho de que a las Águilas del América, a los que verdaderamente nos apasiona el fútbol, o se les quiere o se les odia, pero siempre es el rival a vencer, siempre es al que cuando uno le gana puede caminar alzando la frente, no importa que tan mal esté tu equipo, o si en tu caso lleva 14 años sin ganar el título, como es mi caso al ser fiel amante del Cruz Azul, a pesar de la sequía.
El hecho es que hoy vemos un América que no levanta como equipo, y por ende, no levanta pasiones, con decirles que todo mi odio tuve que trasladarlo al equipo de los PUMAS de la UNAM (broma, pero es innegable que en los últimos años son un equipo con una gran afición y que puede presumier de muchos éxitos recientes).
Como aficionada al fútbol siento empatía y tristeza. Empatía con los millones de aficionados águila, que a pesar de todo, siguen apoyando al equipo, y hasta en la última jornada cuando enfrentaron al Cruz Azul, siguieron cantando con la esperanza de que un triunfo en el llamado “clásico joven”, pudiera salvar un poco su fracasada campaña, sin embargo, esto no sucedió, América calló 3 – 1 el pasado sábado en el Estadio Azul, y con ello nada quedó vivo, el espíritu americanista recibió la última estocada.
Contrario a lo que podría pensarse, ese triunfo de mi querida máquina celeste de la Cruz Azul sobre el Club América, ni siquiera pudo darme alegría, fue como ganarle a cualquier otro equipo, no había orgullo, de hecho había un sentimiento de empatía, un aficionado tan golpeado como el del Cruz Azul, entiende el dolor de ver caer a su equipo.
La solución para el América es hacer una limpia, pero no sólo de jugadores, sino generalizada, desde los directivos, Bauer es un buen hombre, parece un tipo dedicado pero ignorante del fútbol, y lo peor que pudo hacer fue caer en la arrogancia, comprar a un Carlos Reynoso, que si bien fue un gran jugador, como DT creyó que podía seguir vendiendo espejitos enfundado en la idea de que “él era el americanismo”. Ya se fue Reynoso, ahora se va Bauer, ¿quién vendrá como mesías?
Otro punto en contra del América es que históricamente es un equipo arrogante, sería ir en contra de su personalidad no serlo, sin embargo, la arrogancia fue más fuerte que el talento de algunos jugadores, y algunos que no tienen talento, creyeron poder hacer más de lo que podían, no había sistema, no había talento, y eso derivó en que buenos jugadores como Chucho Benítez se fueran al pozo.
Un caso aparte es el de Vicente Sánchez, Matías Vuoso y El Rolfi Montenegro, que vinieron con grandes carteles y terminaron siendo una decepción, a pesar de su talento nunca sintieron los colores del América, nunca en su mente alcanzó a entrar el poder de la grandeza americanista, de su historia, de sus hazañas en la cátedral mexicana del fútbol, el Estadio Azteca, y del odio y amor que ese equipo puede levantar.
Un punto más del América ha sido su pobre cantera, Navarrete ha dejado claro porque Memo Ochoa, al que podemos ahora ver como la última gran figura americanista, lo tenía como un digno sustituto. Por otro lado, jugadores como el Topo Valenzuela y el Kevin Rojas, dan signos de amor por la camiseta, pero su talento no les da para llenarla, y eso deriva en la frustración que han mostrado por momentos.
Es así la triste historia actual del América, que ante ya varias campañas de pobreza futbolística y falta de esa mística que los caracterizaba, hoy se conforma con el lugar número 17 de la tabla, y que tendrá que luchar por una renovación necesaria, no sólo para el Club o su afición, sino para un mediocre fútbol mexicano, que hoy ve en el odiado rival, un tibio enemigo, pero que en mi opinión, necesita volver a su grandeza para darle nueva pasión al deporte de las masas, mi muy amado fútbol.
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